Sobre Serenidad (Ed. Metales Pesados, 2019) de Claudia Lira

Por Cristóbal Hiza Larrondo

Este libro, al igual que lo hace el pensamiento asiático, brota de una experiencia sensible. Una experiencia que provocó en su autora, Claudia Lira, una profunda conmoción que la llevó a interesarse acerca de la serenidad, jìng, como una disposición que permite un particular modo de aprehender y habitar el mundo. A lo largo de estas páginas, la autora, doctora en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte por la Universidad de Chile, posibilita un encuentro entre la tradición china daoísta y la filosofía del segundo Heidegger, y lo hace con una naturalidad que no sería tan osado afirmar que ambas apuntan hacía una misma dirección: por una parte desde el alcanzar la armonía con el dao, con el flujo espontáneo de las cosas y por el otro, la posibilidad de acceder a un tipo de percepción más acá (en el cuerpo) del cálculo, libre de toda imposición racional. Un diálogo entre oriente y occidente, en torno a una forma más libre, desenvuelta y directa de conocer y experimentar el mundo.

Así el aún muy vigente diagnóstico de Heidegger respecto a la era moderna, resulta provechoso para el desarrollo de lo que busca el daoísmo a través de la purificación de los sentidos. Desde esta visión, la actual época en la que vivimos está caracterizada por una particular forma de vincularnos con la naturaleza y nuestro entorno. Esto en la medida de que nuestra aproximación usual hacia las cosas tenga el trasfondo de un cálculo interesado, de sacar el mayor provecho posible en miras a la satisfacción de nuestro interés, lo que ha llevado al olvido de nuestra esencia. Por su parte, el daoísmo enseña que desde que nacemos, nuestra vida en civilización constantemente nos llena de estímulos a los cuales hay que atender de acuerdo a nuestras inclinaciones y preferencias. Así a medida que nos vemos afectados por nuestros gustos y aversiones, nos vamos formando por un punto de vista que distorsiona nuestra percepción y nos tensiona en cuánto nos mantiene en una constante confrontación con el mundo para que se adecue a nuestro querer. Nos encontramos dispuestos en una comprensión unilateral de la realidad desde nuestra subjetividad deseante, la que no deja espacio para percibir libremente el misterioso y natural desenvolvimiento de las cosas, que en la mayoría de los casos escapan a nuestra voluntad y propósitos.

Con ese panorama en mano, la autora realiza un minucioso estudio sobre la etimología de la serenidad, cuya tradición china entrega con sencillas imágenes y pasajes relacionados con la naturaleza y la vida campesina, lo que a su vez, hace ser una lectura sumamente amena. Incluso se podría decir que la lectura misma más que un mero desarrollo intelectual de conceptos e ideas, logra ser una práctica misma de la serenidad, a medida que el libro logra colocarlo a uno, si logramos (des)involucrarnos lo suficiente, en una disposición más acá de la teoría-conceptual, en una experiencia del instante de conexión con la presencia, como bien señala la autora.

Entre las ideas centrales para la experiencia de la serenidad encontramos la del ocio, xián. Actualmente el ocio es generalmente entendido como un evadirse a sí mismo y al tedio que implica la vida cotidiana. En contraste, el texto entrega una idea de ocio que implica soltar el deseo para mantener una atención en el aquí y ahora, el prepararse para el momento indicado de actuar, como la tierra en reposo que se prepara para el cultivo. Una idea que resulta particularmente desafiante para la actual sociedad del rendimiento como llaman algunos, puesto que desde este punto de vista el ocio implica un dejar de producir, el cual es actualmente nuestro mayor imperativo. Así el texto también incita a dejar esta constante preocupación de lado, bajar nuestro frenético ritmo cotidiano para asentarnos al disfrute del tiempo y a un no-hacer, que no necesariamente se opone al trabajo, puesto que implica una preparación para este, según lo que indique el ritmo natural de las cosas.

La serenidad así entendida implicaría la necesidad de desaprender las formas tan acostumbrada de vincularnos con nuestro entorno y otros seres. Resulta imperativo que apreciemos este libro no como una guía para alcanzar mayor felicidad, bienestar o cualquier otro objetivo que nos podamos plantear, sino como una invitación a descubrir en la experiencia de la serenidad un goce en sí mismo.

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